jueves, julio 17

Venezuela: Ni a morir se tiene derecho en este país

Cómo se le explica a un padre que su hijo fallecido no puede ser enterrado porque la producción de ataúdes está a la mitad, debido a la carencia de latón?.

A Gloria, de unos 50 años, le tocó de sopetón enfrentar la muerte de su único hijo el pasado fin de semana, tras un enfrentamiento entre bandas delictivas en Petare. Pero ella, no sólo debió llorar a su cría y desgarrarse en carne viva a la vera del cuerpo sin vida de su hijo, yacido a unas dos cuadras de su casa, luego de un tiroteo entre bandas de ese sector caraqueño.
Pues cuando apenas pudo recomponerse, y “refugiarse en Dios”, tuvo que lidiar con la burocracia de retirar el cadáver en la morgue de Bello Monte y, a la postre, ir de funeraria en funeraria para velarlo; y, como si esto fuera poco, “suplicar por una urna… no hay urnas… dicen que no hay material, mi hijo no es un animal”. Luego de algunas horas, logró ubicar un ataúd en un pueblo aledaño a la capital venezolana y, por fin, despedirse frente a la tumba de quien era el hombre de su casa.

Risas y lágrimas 

Este tema se ha puesto sobre la mesa en las últimas semanas en Venezuela, algunos aún permanecen incrédulos, empero una mayoría aplastante parecieran aceptar. “Cualquier cosa que ocurra después que se roban 20.000 millones de dólares, que no haya urnas, no me parece algo descabellado”, afirma Ely Mata, estudiante de arquitectura, en un foro sobre el futuro de los jóvenes venezolanos al que estuvimos invitados en la Universidad Central de Venezuela.
De la misma manera, Ronald Cabrera, estudiante de derecho, revela que “mientras estamos sentados aquí, muchas cosas pasan en la ciudad… A veces uno se preocupa o nuestras madres, pero ¿qué hacemos?, ¿no vivimos?”.

Sin embargo, uno de los invitados al evento, dijo al micrófono abierto algo aterrador: “No es que te maten, es que te entierren… ni derecho a morirse tiene uno”, en clara referencia al déficit de ataúdes en el país, lo que provocó de inmediato algunas carcajadas -quizá de disimulo a la obstinación-. Y enseguida se hizo el silencio que antecede la reflexión, o el temor a afrontar las cosas tal como son. (Fuente: radio nederland)

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