Monseñor Rogelio Livieres inició en el mes de
marzo del 2011 los estudios previos al proceso de beatificación del segundo
Obispo de la Prelatura de Alto Paraná, hoy Diócesis de Ciudad del Este,
quien dejó sus profundas huellas como Obispo de esta zona, y a esto va sumado
el testimonio de personas que se vincularon a él.
Ya se mencionó en otros artículos de esta
página que el gran desafío que Mons. Agustín asumió, fue la creación de nuevas
parroquias, búsqueda de agentes pastorales que puedan colaborar y aumentar los
movimientos de los laicos. Esto, dio como resultado que a los diez años
de su episcopado, la Prelatura ya contaba con dieciocho parroquias, unas
trescientas sesenta capillas, seis congregaciones masculinas y trece femeninas.
Esta fuerte voluntad, quizá fruto de su
experiencia de la guerra mundial que vivió siendo joven, fue la que le ayudó a
cumplir sus objetivos pastorales con sencillez y con el amor que sentía por el
rebaño de Dios que le correspondía guiar como autoridad de la Iglesia Diocesana
local.
Según el testimonio del P. Wilfrido, en el año
1969 él conoció a Mons. Agustín Van Aaken, en Encarnación, cuando éste era Cura
Párroco de la Parroquia San Roque González de Santa Cruz. “Mons. Agustín era
muy consecuente y coherente al respecto de lo que enseñaba y actuaba, se notaba
en su vida que había una unidad, como un cuerpo entero”. Señaló acerca de la
vida espiritual que llevaba Mons. Agustín.
El P. Wilfrido recordó una experiencia en
particular; “Cuando solicité a Mons. Van Aaken que una Comunidad Religiosa se
instalara en mi parroquia para que realizara trabajos pastorales, esperé una
respuesta, sin embargo no hubo ninguna. Cuando le pregunté la razón simplemente
me contestó: Ese proyecto no iba a salir bien”. En lugar de que esto molestara
al párroco, este aceptó la decisión de Monseñor pues sabía que el mismo era una
persona con gran sabiduría y que conocía muy bien las virtudes, cualidades y
defectos de la gente.
Resaltó también que Monseñor Van Aaken sabía
acercarse a la realidad de la gente, preocupándose siempre por fortalecer
su fe y amor místico; los ayudaba a solucionar problemas parroquiales y a
reconciliarse entre sí, clara señal de que supo poner criterios comunes en la
parroquia.
Acerca de los consejos que daba, declaró que
los impartía con sabiduría, pero con la libertad de que la gente lo siga o no.
Las palabras que el Pbro. Wilfrido utilizó para terminar esta entrevista
fueron: “Yo siento que podía haber estado más cerca de él”, palabras que
reflejan alegría por haber conocido a este Pastor de la Iglesia y
tristeza por los momentos que quedaron atrás.
Fuente: Diocesis de Ciudad del Este.
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