En los últimos días
en varias estaciones de radio de la zona y en las redes sociales se realizaron
cuestionamientos a la Iglesia Católica, cuando varios seminaristas fueron
fotografiados pidiendo limosna en puntos de gran circulación de la ciudad. En
un informe oficial divulgado por la Diócesis de Ciudad del Este, intentan
minimizar el hecho, a continuación divulgamos el texto remitido a los medios de
la zona al quer titularon Pedir limosna: ¿Es una vergüenza para un católico? ¨.
Pero,
''es un acto vergonzoso este hecho de que estos jóvenes estén pidiendo limosna
por las calles''. Esta fue la expresión de una persona que apareció en la
página de una red social. Por esta razón, es bueno aclarar un poco el término
''limosna'', que últimamente se encuentra muy tergiversada.
Juan
Pablo II, en su catequesis, explicó justamente el sentido de la limosna y dice
que se debe distinguir aquí el significado objetivo de este término del
significado que le damos en nuestra conciencia social. Porque atribuimos
frecuentemente al término «limosna», en nuestra conciencia social, un
significado negativo.
En
la actualidad, vemos a personas que piden limosna por las calles y muchas
veces, podemos no estar de acuerdo con el que hace la limosna por el modo en
que la hace. Podemos también no estar de acuerdo con quien tiende la mano
pidiendo limosna, en cuanto que no se esfuerza para ganarse la vida por sí.
Podemos no aprobar la sociedad, el sistema social, en el que haya necesidad de
limosna. Sin embargo, el hecho mismo de prestar ayuda a quien tiene necesidad
de ella, el hecho de compartir con los otros los propios bienes, ''debe
suscitar respeto''.
La
«limosna» en sí misma, como ayuda a quien tiene necesidad de ella, como «el
hacer participar a los otros de los propios bienes», no suscita en absoluto una
asociación negativa.
Aquí tocamos el núcleo central
del problema. En la Sagrada Escritura y según las categorías evangélicas,
«limosna» significa, ante todo, don interior. Significa la actitud de apertura
«hacia el otro». Precisamente tal actitud es un factor indispensable de la
«metanoia», esto es, de la conversión, así como son también indispensables la
oración y el ayuno. En efecto, se expresa bien San Agustín: «¡Cuán prontamente
son acogidas las oraciones de quien obra el bien!, y esta es la justicia del
hombre en la vida presente: el ayuno, la limosna, la oración»: la

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