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El 'Costa Concordia' colisionó con unas rocas,
pero el comandante ocultó a los pasajeros
la gravedad del accidente y abandonó el barco. (EFE)
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Luego del estruendo, reinó la oscuridad. "Estábamos
cenando cuando de repente las luces se apagaron. Escuchamos una explosión y un
fuerte crujido. Todos los cubiertos cayeron al suelo", dijo el pasajero
Luciano Castro a la agencia italiana de noticias Ansa.
Según él, la tripulación aseguró que se trataba de problemas
eléctricos, pero el caos fue inevitable: el buque ya se movía de forma
violenta.
"El barco comenzó a temblar. Sentí pánico, como en una
película: los platos caían al piso, la gente corría y algunos incluso se caían
por las escaleras", señaló el sobreviviente Fulvio Rocci.
Quienes se encontraban a bordo describen que el barco se
inclinó repentinamente hacia la izquierda.
"Les dijimos a los huéspedes que todo estaba bien y que
teníamos la situación bajo control, en un intento por evitar el pánico",
recuerda el camarero Deodato Ordona.
Eso ocurrió una hora antes de que se anunciara la emergencia
general.
Pánico
A los niños y las mujeres se les dio prioridad a la hora de
asignar los lugares en los botes salvavidas, pero el procedimiento no funcionó
porque muchos hombres no quisieron abandonar a sus familias"
Fabio Costa, vendedor de una de las tiendas del crucero
Cuando el barco comenzó a balancearse de nuevo, pero hacia
la derecha, el capitán ordenó abandonar el barco.
Ordona dijo que sus colegas y pasajeros esperaban utilizar
los salvavidas, pero con este cambio se vieron obligados a buscar los botes que
estaban del otro lado de la nave.
Mónica, una pasajera alemana que se encontraba en el teatro
del crucero cuando comenzaron los problemas en el barco, describió lo difícil
que fue llegar a los botes salvavidas.
"Era casi imposible caminar debido a la cantidad de
gente. Primero se movió una vez a la izquierda y luego a la derecha. El barco
se inclinaba y veíamos cómo se hundía más. En media hora el agua ya cubría la
mitad de la embarcación", aseguró.
Fabio Costa, vendedor de una de las tiendas del buque dijo
que cuando la gente se dio cuenta de que había un problema grave, reinó la
desesperación.
"Todo sucedió muy rápido. La gente intentaba llegar a
los botes salvavidas al mismo tiempo, en medio del pánico, se empujaban unos a
otros. Fue un poco caótico. Tratamos de mantener a los pasajeros la calma, pero
fue imposible. Nadie sabía lo que estaba pasando".
Según él, a los niños y las mujeres se les dio prioridad a
la hora de asignar los lugares en los botes salvavidas, pero el procedimiento
no funcionó porque muchos hombres no quisieron abandonar a sus familias.
Algunas personas decidieron que era demasiado difícil subir
a un bote salvavidas y prefirieron nadar. La mayoría logró llegar con éxito a
la cercana isla de Giglio.
"Como en el Titanic"
La británica de 22 años le dijo a su padre, Philip, que se
sintió "como en el Titanic".
Elizabeth Nanni, encargada de información turística en Isola
del Giglio, señaló que los que llegaron a la isla eran "sobrevivientes en
estado de shock, gente desesperada busca a familiares, y algunos otros con
hipotermia por haber saltado al mar".
"Por lo general, hay 700 personas en la isla en esta
época del año, recibir a 4.000 personas en medio de la noche no fue
fácil".
A todos ellos se les entregaron mantas y ropa seca, mientras
que las iglesias y las escuelas fueron abiertas para refugiarlos.
Los heridos fueron trasladados por ferry y helicótero al
hospital más cercano para que recibieran atención de emergencia.
Pero no todo el mundo tomó un bote salvavidas o nadó hasta
la costa. Los equipos de rescate aún buscan sobrevivientes.
Hace pocas horas fueron evacuadas las últimas 50 personas
que permanecían en la cubierta.
Rose Metcalf, una bailarina que trabajaba en el barco, fue
una de las últimas personas en ser rescatas por un helicóptero tras aferrarse
al buque siniestrado.
Fuente: BBC Mundo

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